Periodismo poético
Aspirar
a un premio ´Príncipe de Asturias´ para un poeta y periodista de toda la vida
y, además, malagueño, es una propuesta que no tiene resquicios
Artículo aparecido en La Opinión de Málaga' (5-12-2010)
CARLOS PÉREZ ARIZA
Manuel Alcántara es un periodista clásico. Un poeta de garra y un ser humano,
en toda la extensión de la palabra machadiana, bueno. Por eso lo han propuesto
como candidato a ese galardón de la cultura. No es que se lo merezca es que no
tenemos duda alguna en que deben dárselo. Su trayectoria, su actualidad como
periodista del día a día, su calidad literaria como poeta, su humanidad
generosa así lo señalan. Ya en Málaga se le reconoce como un padre de la
cultura contemporánea, sólo le falta esa designación principesca para que reine
en el extenso territorio de la literatura.
Desde 1951, Alcántara es un habitante del mundo de las
letras. Es también un malagueño que ha vuelto a su ciudad, que conoció en 1928
desde su barrio de La Victoria, tras muchos años escribiendo fuera de ella. Un
niño de la guerra, que se hizo poeta en el Madrid en los cafés literarios de
los años cincuenta, cuando la posguerra era una forma de vivir y aún en esos
recintos de recitaba poesía.
La escritura poética, ha dicho Alcántara, es un ejercicio indefinible, aunque
su poesía intenta definir la vida misma. Hace del columnismo una labor de
orfebrería de la
actualidad. Ha sido cronista deportivo, en los tiempos en que
eran cultos; y no es que se tome la vida con buen humor, sino que hace de su
vida una forma de fino análisis donde este es la guía.
En estos tiempos
de crisis del periodismo. Donde los cánones de la prensa escrita se tambalean
para instaurar formas que imponen las nuevas tecnologías, Manuel Alcántara
demuestra a diario que
el buen periodismo sigue siendo la buena literatura. Que todo lo que no es
clásico es plagio. Sus columnas se leen como quien degusta un bocato di
cardinale. Te ilustran sin que sientas que te están dictando una lección.
Es un periodismo en desuso, pero que nos recuerda para lo que sirve éste aún
hoy en día, cuando los periódicos se enfrentan a una pérdida acelerada de
lectores. Las grandes cabeceras españolas cerraron el año con una previsión
superior al 10 por ciento, según la OJD.
Para paliar esto
se pueden adoptar medidas basadas en las tecnologías, en los recursos del periodismo
digitalizado, en mandar las noticias a las diminutas pantallas de los teléfonos
móviles, pero lo que está en el fondo del asunto es, como diría Gabriel García
Márquez, la esencia literaria del periodismo bien escrito. Y en eso, Alcántara
es un maestro.
Por eso, este
Premio Príncipe de Asturias de las Letras, no es uno más de su larga lista.
Tiene la significación de que, de otorgárselo y eso esperamos, se lo darían a
un periodista que es un gran poeta o viceversa. Que ha defendido desde sus
sonetos y sus columnas la esencia misma del ser humano en sociedad: la libertad
de expresión. Ese día, maestro Alcántara, puede que también se dé el milagro
del que hemos hablado alguna vez y es que este Mare Nostrum sea de ginebra. Si
no es así, brindaremos igualmente con usted que es un príncipe desde hace
muchos años.