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Diccionario del habla malagueña PDF Imprimir E-mail
Martes, 25 de Abril de 2006 13:19

ENRIQUE DEL PINO PRESENTA SU "DICCIONARIO DEL HABLA MALAGUEÑA"

Ayer se presentó el “Diccionario del habla malagueña” del escritor Enrique del Pino. El acto, que se celebró en la sede de la Asociación de la Prensa de Málaga, contó con la presencia de Manuel Pimentel.

Estaba tan atacao que pensé que le iba a dar un amacuco, pero entonces se puso a hacer el cafre, le pegó un mascón al nota, que se dio un zaleazo y se hizo una chifarrá en la cabeza. Casi todos los malagueños, incluso aquellos que hayan nacido en plena era de Internet, serían capaces de traducir a un foráneo el significado de esa frase, escrita en lo que podría denominarse 'malaguita' o 'malacatí'.


Todas las palabras aparecen en el 'Diccionario del habla malagueña', escrito por Enrique del Pino, y que esta mañana (11 horas) se presentó en la sede de la Asociación de la Prensa de Málaga (calle Panaderos, número 8). El libro reúne más de 5.000 entradas, que como el autor explica en la introducción de su obra, son fruto de un esfuerzo de años, culminado con una selección final en la que quedaron descartadas otras tantas voces por no estar debidamente documentadas, por ser de toda Andalucía u otras razones.

Autores malagueños

Cuidadosamente presentado por la editorial Almuzara, el compendio tiene como una de sus premisas que las voces aparezcan en textos de autores malagueños, y ahí radica uno de sus valores. Entre otros, aparecen referencias de Manuel Alcántara, María Victoria Atencia, Antonio Beltrán Lucena, Juan Brotons Pazos, Alfonso Canales, Luis Díez, José Luis Estrada, Manuel García Duarte (Elgar), Andrés García Maldonado y Francisco Cortes, 'Pacurrón'.

Muchas de las palabras de este diccionario están muy arraigadas en Málaga, y son tan propias que sólo los nacidos en la provincia las pueden entender. Desde el manío o chonío (rancio), hasta el butrenque (boquete), pasando por otras expresiones más en desuso como abocaor (camarero que sirve café), la chamba (azar) o meterse en un changuay (lío).

Aunque sin afán reivindicatorio, ya que sostiene que hablar malagueño y andaluz es, en definitiva, hablar español, Enrique del Pino sí rechaza completamente que el habla malagueña sea una degradación o adulteración de la lengua de Cervantes. Más bien al contrario, la enriquece, según el autor. 'Nuestros vulgarismos merecen el mismo respeto que los arcaísmos, ruralismos o barbarismos de que toda lengua adolece, sin que por ello tenga que perder estimación o categoría', afirma el autor.

Se recogen voces aparecidas desde el siglo XVII hasta la actualidad. A veces, figuran varias para designar una misma cosa como ocurre como capuana y gallúa, ambos sinónimos de paliza. También resulta muy interesante el ejercicio de división de las palabras en grupos, como el que conforman las obras y construcciones (calles, plazas, edificios, etc.), que sirve para salvar algunos errores como el que supone llamar Jardín de La Abadía al Jardín de Abadía. Y es que se llama así, explica Del Pino, porque fue un recinto botánico que existió en los terrenos donde estuvo posteriormente la Industria Malagueña y que creó Francisco Javier Abadía.

Lugares desaparecidos

En ese apartado meramente conceptual, ya que el diccionario mantiene en todo momento un orden alfabético, se encuentran lugares desaparecidos como los cines Excelsior y El Mode -como se conocía al cine Moderno-, o los baños de La Estrella. También otros lugares que persisten en la actualidad como la Acera de la Marina o el estadio de La Rosaleda. Además, se menciona a numerosos personajes populares malagueños como El Piyayo, La Estropajito, Juan Gómez, 'Juanito' o El Lengua.

No menos llamativo es el nombre que se le da en Málaga a muchos números, sobre todo referidos al juego de la lotería, de los que son ejemplos la abuela (el 60) el beato (el 68) y las banderillas (el 11), o gentilicios como algarrobeño, perianero, algaideño y alozainense. También se reseñan antiguos periódicos de la capital y la provincia como El Avisador Malagueño, La Tarde y El Sol de Antequera.

Se trata en suma de un diccionario que aúna virtudes, ya que no sólo se puede usar como un texto de consulta sino que invita a una lectura página a página, como si se tratara de un libro lleno de historias completas de Málaga y su provincia.

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